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ESTAR BIEN con MAYÚSCULAS

  • Foto del escritor: Flor Arreola
    Flor Arreola
  • 26 jun
  • 3 min de lectura

Habitar la vida como es

Por Flor Aznar.


“Estar Bien” (con mayúsculas) no significa vivir en un estado permanente de felicidad, sino desarrollar la capacidad de habitar la vida tal como es, sin dejar de cultivar la claridad, la compasión y la ecuanimidad.


Vivimos en una época obsesionada con el bienestar, negados a la incomodidad,. Nos dicen que debemos sanar, ser resilientes, pensar positivo, meditar, hacer ejercicio, comer sano y mantener una sonrisa incluso cuando el cuerpo y el alma apenas alcanzan para levantarse de la cama. Pareciera que “estar bien” se ha convertido en un mandato más que en una posibilidad.


Pero ¿y si hemos entendido mal lo que significa estar bien?

Quizá “estar Bien”, con mayúsculas, no sea la ausencia de tristeza, ansiedad, miedo o incertidumbre. Tal vez

sea algo mucho más humilde y, al mismo tiempo, mucho más profundo: la capacidad de permanecer presentes ante la experiencia, aceptándola, viviéndola y entendiéndola, en pocas palabras darle espacio para descubrir su enseñanza dentro de ese momento.


El budismo comienza con una verdad que puede parecer pesimista, pero que en realidad resulta profundamente liberadora: vivir implica sufrimiento. No porque la existencia sea una condena, sino porque todo cambia, todo es impermanente y tendemos a aferrarnos a aquello que inevitablemente terminará transformándose.


Como escribió Thích Nhất Hạnh:

“No hay camino hacia la felicidad; la felicidad es el camino.”

No es una invitación al optimismo, pero quizás habla de algo más sutil: la felicidad no aparece cuando desaparecen los problemas, sino cuando dejamos de pelear constantemente con la realidad.


También Pema Chödrön escribió:

“Las cosas se desmoronan y luego vuelven a unirse. Una y otra vez. Ahí está la vida.”


Desde esta mirada, estar Bien no significa controlar la existencia, sino aprender a sostenerla.


La psicología contemporánea parece acercarse a esta misma conclusión. Muchas de las formas de sufrimiento que experimentamos no provienen únicamente del dolor en sí, sino de la lucha permanente contra él. Queremos dejar de sentir miedo antes de actuar, dejar de estar tristes antes de amar, dejar de sentir incertidumbre antes de tomar decisiones. Sin darnos cuenta, posponemos la vida esperando una estabilidad emocional que nunca será definitiva, vivimos huyendo de lo incomodo, y eso seria vivir con minúsculas.

Quizá la verdadera salud emocional no consista en sentir siempre emociones agradables, sino en desarrollar suficiente amplitud interior para hacerles espacio a todas.

El escritor Viktor Frankl escribió una de las frases más importantes sobre la libertad humana:

“Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. En ese espacio reside nuestra libertad y nuestro poder para elegir nuestra respuesta.”

Ese espacio es, quizá, el lugar donde comienza el verdadero bienestar. No el bienestar que venden los anuncios ni el que prometen las redes sociales, sino ese estado silencioso en el que uno deja de preguntarse si ya llegó a la meta y empieza, simplemente, a caminar.

Porque estar Bien no es una emoción. Es una forma de relacionarnos con la vida.




Un pequeño recetario para Estar bien, con Mayúsculas


No esperes a que desaparezca el miedo para empezar a vivir. El miedo rara vez abandona la habitación; aprende, mejor, a invitarlo a sentarse sin darle la cabecera de la mesa.

Recuerda cada mañana que todo cambia. No como una amenaza, sino como un alivio.

La impermanencia es una mala noticia para el ego, pero una excelente noticia para el corazón.


Practica perder pequeñas cosas. Cambia de ruta. Deja que alguien tenga la razón. No respondas el último mensaje. El desapego no enseña a cuidar mas de nosotros y del otro.


No conviertas cada emoción en una identidad. No eres una persona ansiosa. Hoy estás habitando la ansiedad. No eres un fracaso. Hoy conoces el fracaso. Hay una diferencia inmensa entre ser y experimentar, recuerda que eres muchas cosas y no solo una, permítete ser y observarte sin juzgar.

Haz algo todos los días que no produzca nada. Camina sin contar pasos. Lee sin subrayar. Observa un árbol sin fotografiarlo. En una época que mide el valor por la productividad, perder el tiempo conscientemente puede ser un acto de salud mental y de libertad interior.


Rodéate de personas con las que no tengas que actuar. El bienestar no siempre se siente como euforia. A veces se parece más a poder guardar silencio sin que resulte incómodo.

Deja de preguntarte tan seguido si eres feliz. Es una pregunta demasiado grande para responderla todos los días. Pregúntate, en cambio, si hoy fuiste honesto, si hoy estuviste presente, si hoy fuiste amable con alguien o contigo. La felicidad suele llegar distraída, mientras uno está ocupado viviendo.

No quieras ganar todas las batallas internas. Algunas ideas no necesitan ser derrotadas; basta con dejar de alimentarlas.

Y, finalmente, recuerda esto: estar Bien no significa caminar ligero. Significa haber aprendido qué cargas vale la pena seguir llevando y cuáles ya pueden descansar en el suelo.



"Camina sin contar los pasos, leer sin subrayar, observa un árbol sin fotografiarlo"








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